
POR AMOR AL ARTE
Frank Kozik ha sido uno de los diseñadores de carteles de conciertos más reconocidos, retorcidos e influyentes de los últimos veinte años. Puede que no fuese más que otro de tantos dibujantes underground durante sus inicios, a principios de los años ochenta, pero poco a poco fue fraguándose una reputación que le permitió trabajar para cada vez más clubes y bandas. Kozik, madrileño de nacimiento, emigró a los Estados Unidos con su familia a mediados de los años setenta, siendo un adolescente. Las malas notas, el hecho de que lo echasen de varios colegios y su afición a las drogas, lo llevaron a ingresar en el ejército. No tardó en ser trasladado a la ciudad de Austin, Texas, donde tomó contacto con la escena punk local, de la que quedó enamorado para siempre. Fue entonces cuando colgó el uniforme y empezó a asistir a cuantos conciertos y fiestas le era posible. Durante unos cuantos años, su vida se redujo a trabajos mal remunerados y drogas varias, pero en el transcurso de todo aquello conoció a unos tipos que se dedicaban a diseñar e imprimir flyers en blanco y negro para eventos underground. Aquello fue el comienzo de su carrera.
Frank Kozik ha sido uno de los diseñadores de carteles de conciertos más reconocidos, retorcidos e influyentes de los últimos veinte años. Puede que no fuese más que otro de tantos dibujantes underground durante sus inicios, a principios de los años ochenta, pero poco a poco fue fraguándose una reputación que le permitió trabajar para cada vez más clubes y bandas. Kozik, madrileño de nacimiento, emigró a los Estados Unidos con su familia a mediados de los años setenta, siendo un adolescente. Las malas notas, el hecho de que lo echasen de varios colegios y su afición a las drogas, lo llevaron a ingresar en el ejército. No tardó en ser trasladado a la ciudad de Austin, Texas, donde tomó contacto con la escena punk local, de la que quedó enamorado para siempre. Fue entonces cuando colgó el uniforme y empezó a asistir a cuantos conciertos y fiestas le era posible. Durante unos cuantos años, su vida se redujo a trabajos mal remunerados y drogas varias, pero en el transcurso de todo aquello conoció a unos tipos que se dedicaban a diseñar e imprimir flyers en blanco y negro para eventos underground. Aquello fue el comienzo de su carrera.

KOZIK, O EL SIGLO XX EMPAPADO EN LSD
El estilo gráfico de Frank Kozik bebe de variadas y, a veces, casi antagónicas fuentes, desde los

Frank Kozik es permeable a todo, y de todo se aprovecha a la hora de perpetrar sus enfermizos trabajos. En sus obras pueden encontrarse las aberraciones más delirantes: Pedro Picapiedra pasado de vueltas inyectándose heroína; el oso Yogi tumbado borracho en el bosque mientras el guardabosque le echa el sermón; la virgen de Guadalupe con un micro-pene; niños engullendo ácidos y cerveza; elefantes rosas; cerditos a lo Porky blandiendo cuchillos ensangrentados; la cabeza cortada de Jerry García; inocentes conejitos disfrazados de Hitler; el mismo Hitler
sudando como un cerdo mientras le mete mano a un perro; el maléfico rostro de Charles Manson sirviendo de fondo para una angelical foto de Sharon Tate; diablesas enfundadas en trajes de baño estampados con esvásticas; Richard Nixon; Marx; Churchill; Lee Harvey Oswald; la mítica portada de Tintín en la Luna con el famoso cohete estrellándose en un cráter... Indudablemente, hay quien diría que ésa es la obra de un loco peligroso, aunque, realmente, no es sino una crítica frontal a la sociedad de consumo, la manipulación global practicada por compañías, medios y gobiernos. Kozik engulle lo que tiene a su alrededor y lo expulsa en una forma más agradable a su maníaco paladar. Manipula y explota lo que tiene a mano y lo retuerce hasta dar forma a una imagen chocante de la que no podemos quitar el ojo, porque no hace sino hipnotizarnos con su delirio. Actualmente hay otros grandes artistas como Coop o Shag, también maestros en el arte de la serigrafía, dedicados al negocio del arte en el rock, aunque nadie ha llegado tan lejos como nuestro querido Frank. La lista de bandas con las que Kozik ha trabajado durante todos estos años es realmente interminable. Si bien, al principio, las bandas de rock más subterráneo, ruidoso y alternativo, como Jesus Lizard, Butthole Surfers, Melvins, Killdozer o unos incipientes Red Hot Chili Peppers eran las que demandaban sus servicios, su creciente fama hizo que artistas consagrados o de más éxito, como los Beastie Boys, Iggy Pop, Ramones, Mötley Crüe, Danzig, Nirvana, The Cramps o los legendarios Alice Cooper y Neil Young, también vieran cómo Frank realizaba carteles anunciando sus conciertos.

A mediados de los años noventa, ya se había convertido en el gurú del poster art, y las bandas
del momento, como Beck, Pearl Jam, Nine Inch Nails, Marilyn Manson o Green Day no tardaron en convertirse en clientes habituales. La culpa de todo esto, obviamente, no sólo era de las bandas en sí, sino de sus sellos discográficos, de los promotores de los espectáculos y de los propietarios de los locales donde éstas actuaban. A la par, Kozik diseñaba portadas para los discos de sus bandas amigas, aunque, sin duda, su exposición al gran público llegó de la mano de Offspring, quienes reclamaron su arte para su álbum Americana, editado por la poderosa Sony. Frank, ojo avizor, sabía que podía sacar tajada de eso, y cedió uno de sus clásicos dibujos por varias decenas de miles de dólares. En sus propias palabras, no hizo otra cosa que “prostituirse”. Y no fue la única vez, ya que también ofreció su buen hacer a campañas publicitarias de empresas ajenas al mundo de la música, como Apple Computer, Absolut Vodka e incluso Nike, para la que hizo una mega campaña publicitaria a escala mundial que recaló incluso en la fachada de los grandes almacenes de El Corte Inglés.
MAN’S RUIN, O CÓMO ARRUINARSE Y CREAR UN MITO
Ferviente admirador del catálogo de sellos independientes como Alternative Tentacles o Estrus, Frank sabía que su aportación al mundo del rock no podía limitarse a crear carteles y portadas de discos, así que decidió que lo mejor que podía hacer era fundar su propio sello discográfico. Así, en 1994, nació Man’s Ruin Records. El objetivo de Kozik era, en un principio, editar un single de siete o diez pulgadas cada mes, utilizando vinilos transparentes y de colores y siendo él mismo el encargado del arte y el diseño de cada disco. Al igual que sus pósteres y serigrafías, cada referencia tendría una tirada limitada y se convertiría en un objeto de coleccionista, algo que Kozik tenía en mente desde el principio. Evidentemente, el precio de estos vinilos era infinitamente más bajo que la cantidad que solía pagarse por algunas de sus obras gráficas, que iban adquiriendo cada vez un valor más alto, superando en ocasiones los dos mil o tres mil dólares.

MAN’S RUIN, O CÓMO ARRUINARSE Y CREAR UN MITO

Si bien Man’s Ruin contaba con distribuidoras en Estados Unidos y Europa, Frank decidió que la mejor manera de publicitar su nueva aventura era mediante Internet. Así, en el ya desaparecido sitio web del sello, uno podía adquirir aquellos singles a partir del irrisorio precio de dos dólares, además de carteles desde cuarenta dólares. Las primeras referencias del sello estaban dedicadas a bandas que Kozik conocía de la escena de Austin, como Pervis, o bien a otros grupos para los que ya había producido carteles de conciertos durante años, como los Dwarves, los Melvins, o sus benditos Kyuss, padres del stoner rock, que no era sino una vuelta al rock pesado, oscuro y psicodélico de los años setenta. Y, si bien las bandas de punk y música “alternativa” predominaban en un principio en el catálogo del sello, lo cierto es que, casi sin darse cuenta, Kozik fue convirtiéndose, poco a poco, en el impulsador y difusor del mencionado stoner rock y del doom rock más lisérgico y más deudor aún de Black Sabbath.



Llegó 1999, y con él la época de mayor popularidad para el sello. Durante ese año, las bandas más populares del catálogo recorrieron Estados Unidos y Europa con gran éxito de crítica, aunque la asistencia a los conciertos seguía siendo minoritaria, y las ventas de discos, salvo en contadas ocasiones, no eran las apropiadas. Por aquel entonces, la referencia de mayor éxito del catálogo del sello era sin duda el primer álbum de Unida, un auténtico trallazo de hard rock que se alejaba de las directrices de Kyuss para centrarse en un sonido más propio de los The Cult etapa Electric, aunque algo endurecido. Sin embargo, Kozik no supo aprovechar bien la buena fama que le habían proporcionado hasta el momento sus bandas, y llegado el año 2000, comenzó a editar discos a un ritmo más rápido del que era capaz de asimilar, descuidando la promoción (que ya era, de por sí, bastante deficiente) y, en algunos casos, la calidad de los trabajos. Sea como fuere, el caso es que Frank dijo que sí a demasiadas bandas, las ventas no acompañaron y todo ello desembocó en la bancarrota de Man’s Ruin en 2001, dejando a muchos de esos grupos sin sello y debiéndoles dinero. De hecho, las últimas referencias del sello, como los CD’s de Begotten, Suplecs o Trailer Hitch, a duras penas llegaron a distribuirse.
