Dos películas
que me han obsesionado en los últimos años, Valhalla Rising y Only God Forgives, ambas del director danés Nicolas Winding Refn (a
quien muchos conocerán por Drive, pero no tanto por sus auténticas
obras maestras, como Fear X, y las aquí comentadas); dos películas, decía, que son dos homenajes al
cine trascendental, y en las que se encuentran dos planos interconectados. En la
primera, el bárbaro One Eye interpretado por Mads Mikkelsen tiende sus manos
cerradas al acabar sus combates. En la segunda, el advenedizo
macarrilla Julian (Ryan Gosling) ofrece sus manos exactamente del mismo modo al
término de la película. En el primero hay una forma de atavismo. En el segundo
rendición o resignación. One Eye acabará liberándose de sus opresores y
mantendrá la calma cuando llegue el momento final, pero sólo porque sabe que es
dueño de sus actos. La de Julian, por el contrario, es una lucha frenética
contra lo imposible (que él cree posible), aunque también termine de algún modo
"restituyendo" el orden de cosas en ese plano final. En ambos hay
aceptación de un orden de cosas contra el que no pueden luchar, y que define a
mi modo de ver la actitud de muchas personas ante la actual crisis mundial.
Como héroes de capa caída tendemos las manos para que nos pasen una vez más la
brida, para que nos lleven a la celda o para que nos amputen nuestra
integridad… Ya Tucídides lo dijo: “Entre la libertad y la tranquilidad, tienes
que elegir. No se puede tener las dos cosas a la vez.” One Eye elige la libertad
(y lo paga con su vida). Julian elige la tranquilidad (y le cortan los brazos).
La vida o los brazos. Pero no las dos cosas a la vez.
lunes, 13 de julio de 2015
miércoles, 1 de julio de 2015
"When Yuppies Go to Hell", de Frank Zappa
Siempre he pensado que la suite "When
Yuppies Go to Hell" (en realidad una semi-improvisación en directo)
contiene algunas de las claves para comprender el mundo en el que vivimos. A
ratos tiene ese aire de las improvisaciones jazzísticas de la época de The Grand Wazoo, pero
mayormente es una especie de pesadilla, en la que la sátira y algo más
inquietante (indefinible) se mezclan. Es una revisión del Infierno de Dante, me dijo alguien. Y yo
estoy de acuerdo. Creo que cuando los yuppies (los
ejecutivos de hoy) van al infierno se pasan llamando a la puerta durante un par
de días hasta que los echan por no creer en el Diablo. "I don't believe in
hell", dice la voz de Bobby
Martin, apostasiando del americanismo republicano. Hacia el minuto 8:25 me
parece discernir una melodía de Ravel o de Bizet,
no podría asegurarlo. Todo se deconstruye rápidamente en un delirio controlado
hasta desembocar en una sección orquestal con el Synclavier, un chisme
endemoniado en las manos de Zappa.
La grandiosa Viena parece derrumbarse en un instante de oscuridad grumosa,
mientras los sonidos de cisterna, gruñidos y ladridos nos reintroducen en una
dimensión escatológica de la que, a fuerza de vanidad, nos habíamos enajenado,
recordándonos que nuestro auténtico lugar está ahí, junto a las letrinas de la
Historia. Es el reino del caos. Pero otros lo llaman Europa.
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Federico Fernández Giordano,
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When Yuppies Go to Hell
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